A medida que se acercaba, los cocodrilos se volvieron hacia él y, para su sorpresa, comenzaron a hablar. "Hola, Bartolo", dijo el líder de los cocodrilos, que parecía tener un collar de cuentas brillantes alrededor de su cuello. "Nos hemos estado esperando. Somos los cocodrilos mágicos".

Bartolo estaba fascinado. —¿Pueden hacer magia?

El viaje hacia la Cascada del Trueno fue difícil. Bartolo tuvo que trepar por rocas resbaladizas y esquivar ramas espinosas. Finalmente, llegó a la cima. Allí, en una pequeña cueva detrás de la cortina de agua, brillaba una piedra blanca, luminosa y suave.

La curiosidad de Bartolo pudo más que la prohibición. Esa misma tarde, empacó su brújula y se dirigió hacia el sur del río.

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